domingo, 27 de septiembre de 2009


Av la Paz : la calle de los muertos.

Un gran espacio abierto en que la historia y la arquitectura toman su cabida por asalto con un aura especial; avenida La Paz, calle cercana al cementerio, desemboca como en una metáfora de la vida misma en la antigua puerta del campo santo, la que rodeada por un patio adoquinado de enormes proporciones, está paradójicamente conquistando el brillo de una nueva vida: las antiguas garitas de ladrillo – las otrotas caballerizas del regimiento Esmeralda, el mítico Séptimo de Línea en la época de la Guerra del Pacifico- hoy tienen el vuelo de que en ellas la futura implementación de locales comerciales y picadas como el conocido bar Quita Penas que planea trasladar una sucursal aquí, verá realidad prontamente para convertirlas en uno de los rincones por excelencia del lado norte de la urbe. En este sector está la estatua recordatoria de los 1800 muertos en el incendio del la iglesia de la Compañía en 1863, enorme monumento que descansa sobre la fosa común de las victimas de este terrible siniestro que asoló la iglesia que estaba en lo que hoy es el viejo Tribunal de Justicia, cercano a Plaza de Armas. Una virgen con los brazos abiertos mira hacia el sur, hacia el lado del río que como otra frontera demarca las proporción de esta avenida que en su transcurrir guarda los encantos del Santiago viejo, sobre todo ahora en temporada de lluvia en que los colores del adobe adquieren un halo especial de belleza tosca que convive con la modernidad de atracciones que deben tomarse ¡siempre! con un relajante sentido del humor negro: aquí nos encontramos con la morgue del Instituto Medico Legal, también el Manicomio, antiguamente con su entrada por la calle Los Olivos -y cuya historia de sórdido edificio con apenas 30 camas data de esos años de 1858-. Además casí al frente el hospital J.J. Aguirre que colinda con la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile y su museo de anatomía, lleno de auténticos cadáveres embalsamados. (“The Bodies” a la chilena)
Es interesante pasar por estos lados entre los puestitos de café y observar a la clientela, todos tipos con traje y corbata, fantasmales oficinistas también conocidos como los famosos buitres, generalmente empleados de las funerarias que están a la espera en la salida de los servicios médicos cercanos o servicios mortuorios. También abundan las marmolerías y fábricas de esculturas. Las pequeñas picadas peruanas o las de completos y bebidas donde el tema siempre es la muerte; ahí llegan los médicos forenses después del trabajo de autopsia y generalmente se comenta la cantidad de balas que tenía el muerto de la camilla tres, o la ropa interior del cadáver de la mujer asesinada, entre otras cosas por poner un ejemplo. Para terminar y ya saliendo de ahí, caminando hacia el sur, las callejas de la Vega central y sus conventillos añejos reviven el ambiente de la Chimba, antiguo nombre de este sector, dándole un tono multicolor que con las primeras lluvias adquiere lo prístino de lo nostalgia; abundan los vagabundos y las fogatas a orillas de la berma

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