viernes, 16 de octubre de 2009

Las torres malditas.

La visión muda y escalofriante del vacío me hace subir el cuello hacia los altos de estas dos moles –o torres gemelas chilensis, en Carlos Antúnez con Providencia- que ostentan una celebre maldición. Entre los vecinos, incluso, se habla de “competencia” cuando se refieren a qué torre tiene más suicidas a su haber. Dicen que una tiene 13 y la otra como 15. Algún diario exageró un poco más y habló una vez de 70 suicidas por torre. Pero son cifras estimativas. Nadie lleva la cuenta de cuántas personas se han lanzado por la ventana, pegado un tiro o ahorcado, y ahora el tema parece haber perdido importancia. “No se mata nadie hace como dos años”, dice un portero con aires de alivio.
Otro estigma que guarda este lugar es el de la prostitución. No es secreto para nadie que antiguamente había en cada edificio más de una decena de prostíbulos. Además, en sus grandes cuartos se rumorea que hasta hace una década, antes del recambio generacional que trajo a propietarios más jóvenes, los antiguos dueños que eran en su mayoría ancianos solitarios, morían en un terrible hacinamiento y encierro de pobreza.
Entre cada torre hay un edificio de dos pisos, lleno de locales de ropa deportiva, de segunda mano, tiendas de decoración y de restaurants de autoservicio. Destaca aquí una academia de baile y una picada china con fenomenales platos a menos de dos mil pesos.
En el interior de este edificio intermedio, cuenta un locatario, varios vagabundos se escondían y emborrachaban hasta el coma alcohólico. Algunos morían después en la posta. Hoy deben cerrar temprano la subida o sino los vagos son un tema recurrente.
Este conjunto ha sido conocido además por misteriosos incendios y emanaciones toxicas.
Puede sentirse en esta manzana una singular atmósfera de soledad. Un toque de misterio que llama al curioso a hacerse la pregunta: ¿Hay fuerzas paranormales que accionan su influjo sobre estas torres malditas? Puede ser. La cercanía con la iglesia de la Providencia a pocos metros quizás tiene alguna relación. Los mitos populares siempre asocian a estas viejas construcciones leyendas de fantasmas o energías místicas. Esta parroquia albergó el siglo antepasado un orfanato a cargo de las monjas de la Providencia, quienes dieron el actual nombre a la avenida. La impronta antigua que tiene esta iglesia junto a las torres malditas crea un fabuloso escenario para la imaginación.
Por lo demás es un lugar que vale la pena conocer. A su alrededor una fauna de cafeterías y tiendas de oferta ha tomado un carismático cuerpo. Mientras se disfruta aquí de los rayos del sol veraniego puede echarse a andar la mente y su infaltable ansia de morbo.

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