domingo, 1 de febrero de 2009

Hugo Correa


El Altísimo ha Muerto

El rey de la Ciencia Ficción nacional dejó de existir el pasado domingo a los 82 años. Su larga carrera que se inauguró con la novela Los Altísimos en 1959, tuvo la admiración de figuras como Ray Bradbury y la hermandad literaria de quienes lo apoyaron en su casi anonima pero ávida carrera, entre otros, el Premio Nacional de Literatura Miguel Arteche.


En 1959 el joven Hugo Correa publicó su primera novela. “Los Altísimos” inauguró una prolífica pero a la vez casi subterránea carrera que los críticos de la época alabaron, comparando la creatividad de este autor originario de Curepto Talca, con el vuelo creativo de Aldus Huxley, H.G. Wells y George Orwell. El severo crítico nacional Cedomil Goic, autor de La Novela Chilena, Mitos Degradados” (1969), afirma que este libro “es una de las novelas más sorprendentes que se han escrito entre nosotros”, y que con un “ejemplar rarismo” supo imponerse en esa época a una “tradición de mediocre realidad”. En esta obra maestra de la ciencia ficción latinoamericana – cuya primera copia vendió en meses 5 mil ejemplares- conviven las ideas de la tierra hueca de Bulwer Lytton, los espías a lo 007, el armamento secreto, la guerra fría y los viajes a bordo de vehículos que movidos por la fuerza de gravedad interna de la tierra, transitan por un submundo alumbrado por soles artificiales. Estos elementos hacen de este titulo el primero publicado en Chile sobre ciencia ficción, aunque se pueden contar como precedentes entre otros, La Caverna de los Murciélagos de Pedro Sienna (1917), El Dueño de los Astros de Hugo Silva Román (1929) y algunos cuentos de Luis Orrego Luco. El Premio Nacional de Literatura Miguel Arteche, muy apenado por la reciente muerte de su amigo, está por estos días – según dice- releyendo Los Altísimos, obra que el mismo ayudó a corregir. Al respecto recuerda: “Hugo era un excelente escritor que a la hora de usar la pluma demostraba una inteligencia notable. Recuerdo que vino a verme con el mamotreto de su primera novela. Eran como 600 paginas que no porque yo le hubiera ayudado a editar, la considero algo notable en su tipo para esos años”.
Sin duda fue Correa quien en nuestro país puso una marca que con extraordinaria fecundidad imaginativa, hizo brillar la fantasía espacial en una tierra hosca para las novedades. Una fantasía en que quedaba patente una pericia que con el tiempo destacó en varios certámenes literarios como el Concurso del Diario “El Sur”, o el de la Colección Alerce del año 59, apoyado por la Sociedad de Escritores. En este último obtuvo como premio la publicación de su segunda obra, “Alguien Mora en el Viento”, la historia de un humilde astronauta chileno originario de un pueblo de sur, que junto a un Ruso y un Norteamericano es arrojado a un misterioso planeta perdido en que habitan seres invisibles. Estos alienígenas que habitan en el viento, ejercen sus poderes nefastos sobre los terrícolas, envejeciéndolos en cuestión de días. En el asteroide vive además una hermosa joven, hija de antiguos pilotos espaciales que igualmente naufragaron en ese extraño mundo de atmósfera casi sólida, en que debido a las corrientes de aire los personajes pueden flotar a voluntad. En estos cortos pasajes el autor -como en casi todas sus novelas- hace patente la presencia de lo invisible. Algo siempre queda vislumbrado en el fondo de las situaciones que enfrentan sus protagonistas, los que en su mayoría son sujetos comunes que se encuentran ante una escalofriante conjunción de hechos que enuncian la presencia de lo desconocido y extraordinario. Se trata mayormente de fuerzas extraterrestres o demoníacas. Esto se puede apreciar muy bien en “Los Ojos del Diablo”. Aquí el escritor, valiéndose de los mitos populares de las apariciones del demonio, sitúa al lector en el reconocible paisaje de Curico, y arma un intrincado argumento donde Satanás no es protagonista pero se representa claramente a través de personajes extraños; viejos arrieros o dueños de fundo que han sostenido pactos con el infierno.
El escritor, quien siempre negó pertenecer a la Generación literaria del 50, era sin embargo contemporáneo a estos autores, aunque de modo “under”; de hecho, cuando Lafurcade publicó “La Fiesta del Rey Acab” por editorial Zigzag, él lanzaba su primera novela bajo el mismo sello. Nacido el 26 de mayo de 1926, estudió derecho dos años, retirándose luego para seguir la beta literaria que pensó podía darle el periodismo; fue redactor de La Nación, colaborador del Mercurio y columnista de Revista Ercilla. En 1961 sus relatos fueron conocidos por Ray Badbury, quien los llevó, en esos años, a la mejor revista del género fantástico de los Estados Unidos: The Magazine of Fantasy & Sciencie Fiction. Aquí se divulgaron los cuentos “El Ultimo Elemento” y “Meccano”. Las publicaciones de Correa con el tiempo se leyeron además en España, Holanda, Alemania, Argentina e incluso se habló de llevar su tercera novela -“El que Merodea en la Lluvia”(1962)- al cine. En esta obra Correa emula el estilo Guerra de los Mundos, llevándolo al campo chileno donde un misterioso merodeador asola las planicies y los bosques con su presencia que destruye la paz de los ranchos tras la caída de un satélite ruso.
Hugo Correa ha dejado de estar con nosotros, pero su obra, una rareza dentro de las letras que vieran el acontecer literario de Enrique Lafourcade, Armando Cassígoli, Jorge Edwards, José Manuel Vergara, Claudio Giaconi, Armando Uribe, Enrique Lihn, Jorge Teillier, Miguel Arreche entre otros, seguirá siendo una estrella titilante en el cielo de la ciencia ficción. Un cielo en el caso de Chile, reducido a unos pocos libros que fuera de viejas ediciones publicadas hace mucho, están lejísimos de ver otra vez la luz en tirajes mayores.

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